
Rafael Delgado, Ver.- Jalapilla es una comunidad cuya historia se remonta a más de dos milenios y que, a lo largo del tiempo, ha pasado de ser un territorio de alta productividad agrícola a convertirse en una zona marcada por el crecimiento urbano y la conurbación con Orizaba.
Durante la conferencia “Historia antigua y moderna de Jalapilla, memoria histórica de nuestra comunidad”, impartida este viernes 4 de septiembre por el historiador Agustín García Márquez, se realizó un recorrido por las distintas etapas que han marcado el desarrollo de esta comunidad de Rafael Delgado.
El investigador explicó que, durante la época prehispánica, Jalapilla destacó por su productividad agrícola, favorecida por sus características lacustres, que permitieron el aprovechamiento del agua mediante sistemas de riego.
Los vestigios arqueológicos encontrados en la zona dan cuenta de una ocupación humana que se remonta al periodo Preclásico, alrededor del año 1500 antes de Cristo.
García Márquez señaló que en el territorio existieron numerosos montículos arqueológicos conocidos como “teteles”, aunque muchos de ellos han desaparecido como consecuencia del crecimiento de las poblaciones y las modificaciones realizadas al terreno.
Con el paso de los siglos, Jalapilla también formó parte de importantes procesos históricos.
Durante la época colonial quedó integrada, en 1627, al Condado del Valle de Orizaba, mientras que en 1826 se separó para constituirse como la Hacienda de Jalapilla, condición que mantuvo hasta 1932, cuando comenzó su desmembramiento con la creación de ejidos durante el periodo posrevolucionario.
El historiador recordó además la relación de Jalapilla con la industria azucarera, al convertirse su territorio en parte de los campos destinados al cultivo de caña vinculados con el Ingenio de Nogales.
Otro de los episodios históricos abordados durante la conferencia fue la presencia de Maximiliano de Habsburgo.
García Márquez explicó que el emperador visitó la Hacienda de Jalapilla en tres ocasiones durante el periodo de la intervención francesa y el Segundo Imperio Mexicano.
Aunque consideró que aquellas visitas no representaron un factor determinante para el desarrollo económico de la hacienda, sí dejaron una importante huella en la memoria colectiva, alimentada por tradiciones, relatos y leyendas que han sobrevivido entre los habitantes.
El investigador destacó que actualmente existen nuevas herramientas para profundizar en el estudio de este periodo, entre ellas una plataforma creada en Francia durante la pandemia de COVID-19, que permite consultar documentos históricos relacionados con la intervención francesa en México.
Sin embargo, uno de los principales cambios experimentados por Jalapilla ocurrió durante los últimos 25 años.
García Márquez explicó que hasta aproximadamente el año 2000 la comunidad conservaba un marcado carácter agrícola, pero la creciente conexión con Orizaba aceleró el proceso de urbanización.
A este fenómeno lo definió como “nueva ruralidad”, una condición en la que conviven dentro de un mismo territorio unidades habitacionales modernas con habitantes que mantienen una profunda identidad campesina.
La gastronomía, el ciclo agrícola y las festividades religiosas continúan formando parte de la vida comunitaria, mientras que otro sector de la población se desplaza diariamente hacia Orizaba para trabajar o realizar sus actividades y retorna a Jalapilla principalmente para dormir.
“Esta nueva ruralidad permite la coexistencia en un mismo territorio de lo urbano y lo rural, dos culturas encontrándose”, explicó el historiador.
De esta manera, Jalapilla enfrenta el desafío de preservar su memoria mientras el crecimiento urbano continúa modificando su paisaje.
Su historia reúne vestigios prehispánicos, pasado colonial, memoria del Segundo Imperio Mexicano, tradición agrícola y una transformación urbana que sigue redefiniendo la identidad de esta comunidad de Rafael Delgado.
Juan José Enríquez