


Esperanza, Pue.- Este viernes 8 de mayo, sobre la autopista 150D, un tractocamión cargado con ganado volcó y decenas de rapiñeros convirtieron el accidente en una suerte de reparto agrario exprés.
La pesada unidad, un Freightliner que venía del sureste, perdió el control por exceso de velocidad en el descenso montañoso, dos curvas antes de la caseta de cobro 027.
Dio una voltereta y el tractocamión quedó recostado sobre su lado derecho, invadiendo el acotamiento y parte de los muros de contención.
Milagrosamente, ni el operador ni acompañantes resultaron heridos. Los millones en daños materiales serían, horas después, el menor de los problemas del dueño del ganado.
El aviso del accidente se esparció entre la comunidad de San José Cuyapacha, por lo que la gente empezó a llegar. No con piedras ni palos, sino con sogas, reatas y la necesidad a cuestas.
En cuestión de minutos, las reses, todas, sin dejar una, fueron desalojadas de la jaula retorcida y desaparecieron entre veredas y caminos vecinales.
Los rapiñeros actuaron con la parsimonia del que sabe que nadie lo va a detener. Arribaron después elementos de la Guardia Nacional División Carreteras, de Seguridad Regional, policías estatales y paramédicos de Capufe. Pero para entonces, el ganado ya pastaba simbólicamente en otros corrales.
Ningún uniformado movió un dedo para impedir el saqueo masivo. O al menos eso reflejan los hechos: las vacas se fueron, los pobladores también, y las autoridades sólo alcanzaron a cerrar el peritaje. Sin heridos, sin muertos, pero con una carga evaporada.
Horas más tarde, grúas retiraron el tractocamión hacia un corralón oficial. La circulación se reanudó en esa arteria clave entre el sureste y el altiplano. Nadie fue detenido. Nadie, por ahora, responderá por las vacas.
Juan José Enríquez