

Orizaba, Ver. – La campaña de cortes de cabello gratuitos organizada por el DIF municipal de Orizaba el pasado domingo 26 de abril dejó una estampa que contradice el discurso de orden y limpieza que el ayuntamiento presume a diario: pasillos de la alameda Francisco Gabilondo Soler amanecieron literalmente alfombrados con mechones de cabello, mientras que a los comerciantes de la zona se les exige, con mano dura, mantener impecables sus propios espacios.
La jornada de “apoyo social” terminó evidenciando una negligencia difícil de justificar.
Los residuos capilares, que no solo son antiestéticos, sino antihigiénicos, se dispersaron con el viento hacia chiringuitos y áreas de comida, generando escenas tan vergonzosas como la de un cliente que, según testimonios de locatarios, halló un pelo en un producto recién comprado.
El hecho no trascendió formalmente porque, dicen los vendedores, el temor a represalias inhibe cualquier queja contra funcionarios municipales.
Y es que mientras a los comerciantes se les fiscaliza hasta la última migaja en el piso, el personal del DIF, dependencia encabezada por Lizzette Bojalil Simón, demostró una preocupante incuria: realizaron el evento, promovieron la imagen solidaria, y abandonaron el desastre.
Ni una escoba, ni una bolsa de basura, ni un mínimo protocolo de limpieza posterior.
Los afectados no piden cancelar los apoyos, sino coherencia. “Apoyar está bien, pero no a costa de afectar a terceros”, resumieron.
Juan José Enríquez