
Morena ya definió a sus 17 coordinadores estatales rumbo al 2027. Lo que no ha conseguido es que todos acepten sus decisiones ni que sus aliados estén dispuestos a acompañarlas sin condiciones.
En Nuevo León, las inconformidades por la designación de Clara Luz Flores evidenciaron que cerrar una encuesta no significa cerrar la disputa. En Michoacán, las objeciones al proceso de selección también obligaron a la dirigencia a buscar cómo contener el descontento.
El problema no termina dentro del partido. El PT cuestiona el método y los espacios que le corresponden en una alianza donde Morena tiene cada vez más capacidad para imponer sus decisiones. Incluso, ha planteado la posibilidad de competir por separado en entidades como Zacatecas y Nuevo León.
No significa que la ruptura sea inevitable. En política, amenazar con ir solo también es una manera de negociar. Pero la advertencia revela que la unidad no está garantizada por la sola fuerza electoral de Morena.
Claudia Sheinbaum necesita que su movimiento llegue cohesionado a las elecciones intermedias. Sin embargo, una cosa es la fortaleza de la presidenta y otra la capacidad de la dirigencia para administrar los intereses de aspirantes, grupos internos y partidos aliados.
Ahí aparece la paradoja: cuanto mayor es la fuerza de Morena, mayor puede ser la tentación de decidir sin conceder demasiado. Pero una coalición no se sostiene únicamente con disciplina. También necesita que sus integrantes encuentren razones para permanecer en ella.
La dirigencia ya tiene una política de alianzas que le permite negociar de manera diferenciada por entidad. Eso abre la puerta a acuerdos, aunque también obliga a resolver una pregunta incómoda: cuánto está dispuesto a conceder Morena para evitar que las diferencias se conviertan en competencia electoral.
El PT tendrá que decidir si sus reclamos buscan mejores condiciones, o si realmente está dispuesto a arriesgarse por su cuenta. Morena, en cambio, deberá demostrar que puede conducir la coalición sin confundir mayoría con subordinación.
Todavía hay tiempo para negociar. Lo que no existe es garantía de que todos acepten el precio que el partido mayoritario considera justo.
Porque Morena puede cerrar sus encuestas y dar por definidas sus coordinaciones. Lo que no puede cerrar por decreto son las inconformidades ni las negociaciones con sus aliados.
En 2027, la unidad seguirá siendo una ventaja. Pero conservarla tendrá una factura.
Veremos qué ocurre, y si de verdad ocurre.
Por: Alejandro Aguirre Guerrero
X: @aaguirre_g