
El futbol vuelve a demostrarnos su capacidad para transformar el ánimo de la gente. Aunque sus altos costos nos alejen de los estadios, seguiremos encontrando la manera de vivirlo. Al final, nos toca tener la mejor narración de este tercer mundial que llega a México.
Para nuestros padres y abuelos, este torneo representa la posibilidad de ver la evolución de su tierra y del futbol desde lo vivido en 1970 y 1986. Durante años fue común que las personas escucharan los partidos en la radio mientras lo veían en la televisión. No buscaban una mejor imagen, buscaban una mejor historia. Necesitaban que alguien les ayudara a convertir lo que estaban viendo en un relato inolvidable.
Por ejemplo, en 1970, muchas personas en México no tenían televisión a color y algunas ni siquiera tenían televisión. Cuando alguien regresaba de ver un juego, se convertía en el narrador del barrio. Tenía que describir los goles, las jugadas y hasta el ambiente del estadio.
Quienes vivieron México 86 no solo cuentan los goles de Maradona. También recuerdan una ciudad que se levantaba después de la tragedia. Tal vez por eso aquel mundial ocupa un lugar tan especial en la memoria de muchos: porque narró más que futbol.
Los mundiales también son una forma de medir el tiempo. Quienes nacimos a finales de los 80´s hemos visto pasar la infancia, la juventud y la adultez entre una copa y otra. Este 2026 se siente especial: es el primero en México que nos toca vivir con todas las complejidades del presente.
Los niños y jóvenes de ahora no vieron jugar a Pelé, Maradona o Johan Cruyff. Los conocen porque alguien les contó sus historias. Muchos de los goles históricos que conocemos nunca los vimos. Los imaginamos a partir de cómo nos los contaron.
Antes se narraba en la sobremesa, hoy se hace en las redes sociales. Cada foto compartida, cada mensaje enviado y cada video grabado desde el estadio son nuevas formas de narrar el mundial, aunque algunos vayan sin entender lo que ocurre.
El escritor Juan Villoro suele recordarnos que el futbol es una escuela de vida, donde conviven el talento y el error, la genialidad y la fragilidad humana. En cuestión de segundos, una fortaleza puede derrumbarse o una debilidad convertirse en virtud.
Ya tenemos cosas que contar de este 2026 porque, además, está rompiendo marcas. Es el primero con tres países anfitriones y el primero con 48 selecciones. Tendrá 104 partidos, un 63% más que los 64 disputados en Qatar 2022. Estados Unidos tendrá 78 juegos, mientras que México y Canadá tendrán 13 cada uno. Y también hay cuatro selecciones debutantes: Uzbekistán, Jordania, Cabo Verde y Curazao. Países que por primera vez escriben sus páginas en la historia de un mundial.
Nunca antes se habían generado tantos datos en tiempo real. Sensores, inteligencia artificial y monitoreo avanzado buscan hacer más justo el juego. La tecnología se ha convertido en un gran jugador, algo que también debería ocurrir en nuestras ciudades, donde seguimos desaprovechando el enorme potencial de los datos para tomar mejores decisiones.
Es por eso que los mundiales no terminan el día de la final. Mientras exista alguien dispuesto a contar una relato, el partido seguirá vivo. Porque al final, la historia de un pueblo se escribe con la memoria de su gente.
Por: Alejandro Baizabal
Correo: alexbaiz.ab@gmail.com